deporte-y-yoga

Cuando tenía 19 años por primera vez sentí la necesidad de cuidar mi salud.

En la escuela secundaria me apunté al esquí de fondo.

Nuestro entrenador se tomaba muy en serio su trabajo, así que yo tenía entrenamientos duros a diario, campamentos deportivos cada verano y competiciones la mayoría de los fines de semana.

O sea, llevaba la vida de deportista profesional-junior.

A los 18 años cuando terminé la escuela, parecía un “armarito”, una mujer deportista con hombros anchos, espalda encorvada, brazos y piernas “hinchados” de músculos.

Pero con todo eso mi flexibilidad era cero absoluto.

Por supuesto, sabía que existía el yoga, pero realmente no me interesaba demasiado.

Era incapaz de llegar hasta el suelo.

“Gracias” al deporte elegido desarrollé el síndrome de isquiotibiales acortados, muy típica en los esquiadores que se dedican a este deporte desde la infancia.

Los cuádriceps largos y los isquiotibiales y los tendones debajo de la rodilla muy cortos.

Pero no fue ese el motivo principal para empezar con las clases de yoga.

De repente, mi espalda encorvada empezó a doler. Yo no tenía ni hernias, ni desviaciones de la columna vertebral.

A los 19 años, por primera vez en mi vida, empecé a sentir que envejecía (no te rías), con estos primeros dolores de espalda, de repente me di cuenta, de que yo no era eterna.

Este sentimiento era nuevo para mí.

La sensación de dolor físico, el que no te permite vivir la vida plenamente, me  empujó a la búsqueda de UN SISTEMA PARA AYUDAR A MANTENER  MI SALUD Y BIENESTAR DURANTE MUCHOS AÑOS.

Antes me enfermaba muy pocas veces. Por supuesto, como todos los niños, tenía algo de constipados, algunas lesiones, dolores durante y post-entrenamiento etc.

Pero aquellos dolores eran diferentes. Sabía que el dolor pasaría y otra vez me sentiría bien.

Nunca me gustaba estar enferma, por lo que los pensamientos sobre la vejez y el deterioro gradual de mi salud no me hacían ninguna gracia.

Yo era deportista.

Para mí, aquellos tiempos de búsqueda fueron como una competición con mi edad y sus consecuencias.

Empecé a buscar activamente libros y artículos sobre las personas longevas (en 1991 no había internet TODAVÍA!!!!), clases en las escuelas de artes marciales (Tai Chi, usui, karate…), encuentros con la gente, etc.

Por supuesto, el yoga atrajo inmediatamente mi atención.

Pero, por aquel entonces, en las librerías había muy pocos libros que fueran realmente valiosos.

Las revistas tampoco publicaban muchos artículos sobre el yoga.

Era muy difícil encontrar la información. Me acuerdo de leer algunas obras “editadas” en los Xerox de oficinas.

Mis primeras experiencias con el yoga fueron caóticas. Muchos grupos distintos. Muchos profesores-gurús “muy iluminados”(jejejeje) y  otros no tanto. Diferentes escuelas de yoga, que a menudo no tenían nada en común (solo la palabra “yoga”).

Después del primer año de mi búsqueda, comprendí  dos cosas fundamentales:

– Que el yoga es multifacético.

– Y que hay que elegir las escuelas de yoga que incluyen ejercicio físico, no sólo la meditación y la respiración.

Poco a poco, descubriendo distintas escuelas de yoga, me di cuenta de que mi intuición no me había engañado y que elegí el camino correcto.

Cuanto más iba a las clases, más observaba casos de personas de edad avanzada (especialmente los maestros de yoga de 50-70-90 años)  que llevaban mucho tiempo practicando y mantenían una forma física y un aspecto excelentes.

En muchas de las fuentes que leía en aquellos tiempos, se hacía hincapié en el poderoso efecto anti-envejecimiento del yoga. Se describían numerosos casos de longevidad.

Pero una cosa es LEER sobre esto y otra – VER ejemplos con tus propios ojos.

Así, llegué a practicar yoga.

Buscando la eterna juventud y la salud, encontré un sistema que me cambió la vida.

El buen estado de mi cuerpo se ha convertido en un estado normal, que no cambia con los años.

¡¡¡ Así me siento !!!

Más tarde, después de los años de práctica, me di cuenta de CÓMO el yoga afecta NO SÓLO el cuerpo sino AL ESPIRITU y  a LA PERCEPCIÓN del mundo.

Muchos de mis complejos y ansiedades se difuminaron con la práctica de yoga.

Pero eso es otra historia…